Archivo de Agosto 2008

Vivir en una burbuja

Agosto 25, 2008

No podría decir que conocí Beijing. No es porque me resultara imposible visitar la famosa Muralla China o cualquier otro lugar turístico que estuviera más allá de la Plaza Tian’anmen y la Ciudad Prohibida, que están una al frente de la otra. Más bien se debe a porque viví en un bus desde el Centro de Prensa a algún estadio y viceversa. El tiempo para otras cosas fue escaso y quizás así es como lo querían.

Mi versión de la capital fue la que me daban las ventanas de los vehículos en movimiento. Una rápida mirada al gigante que sigue creciendo. Edificios modernos por doquier en todos lados, recintos deportivos impecables y carreteras sin hoyos, estrenadas justo para el magno evento.

Tampoco fue posible conocerla a través del diálogo. El inglés de la mayoría de la población es paupérrimo y para qué hablar del español, el que sólo hablan especimenes que sólo pueden calificarse de extraños. Como si se ocultaran en el idioma para resguardar sus secretos.

Lo que pasaba más allá de esas construcciones, algunas que fueron terminadas nada más que en sus fachadas para no desentonar, quedará para otra ocasión, cuando la magnitud de China nos obligue a conocerlos a su modo, aprendiendo su lengua y sus costumbres, como ese gusto por escupir de forma sonora en todos lados o evitarle los pañales a los niños, prefiriendo un pantalón abierto en el trasero para que hagan sus necesidades cuando se les antoje.

Todo eso será para una próxima oportunidad que no se sabe si llegará. Los Juegos Olímpicos se han terminado y es hora de regresar a casa sin haber capturado casi nada de los que hay del asiento de un taxi o un bus.

Quiero ir a la Muralla China

Agosto 24, 2008

No es fácil llegar a la Muralla China. No sólo porque está como a 90 kilómetros del centro de Beijing, sino porque las pocas referencias que he encontrado me han llevado a lugares donde el concepto Centro de Informaciones no existe.
En un folleto dice que 500 metros al este de la estación de metro Jishuitan hay buses que salen hacía allá cada media hora y que cuestan 45 yuanes. Encontrar el este al mediodía y sin la cordillera de referencia, el asunto no es sencillo.
Hay que pedir ayuda a un voluntario, de esos que dicen que hablan en inglés, pero en verdad lo balbucean. Y mal. Me orienta y me dibuja una casa en el aire para decirme que ahí es donde sale el transporte. La casa en el aire a la que hace referencia es una especie de pagoda, pero desconozco más detalles acerca de su relevancia histórica.
Después de arriesgar la vida cruzando la calle, porque el paso de cebra era completamente invisible para los automovilistas, se ven varios buses parados esperando fotos. Por ahí a una foto de la Muralla en un cartel. Sólo hay caracteres chinos. Ningún voluntario, ni de esos que chapotean el inglés, está cerca e intentar saber cuánto cuesta y lo que demoran es una tarea titánica que no encuentra respuesta.
Insólito, el recorrido turístico más popular de China y no hay ningún aviso que no sea otro idioma que el local. No es lo único que desalienta. El calor es incesante y para subirse a esos buses atestados hay que hacer una fila de unos 100 metros.
Buscar una alternativa es igual de complicado. De regreso con los voluntarios, el mejor consejo que me dan es que vuelva mañana temprano, cosa que no puedo hacer. Preguntar por el valor de un taxi hasta allá se vuelve en otra dificultad matemática para ellos. Como arreglo para la incomunicación entregan un papel con un “quiero ir a la Muralla” escrito en chino.
Hay que parar un taxi y preguntar si están dispuestos al largo viaje. Obvio, es bastante redituable. Con señas muestran que no trabajan con taxímetro y con los dedos muestran el valor. El inconveniente es que del uno al cinco los números son iguales, pero de ahí en adelante no tienen nada que ver. Estira el pulgar y el meñique por lo que entiendo que me habla más de cinco. Creo que siete, pero claro que no sería ni siete ni 70, sino que 700 yuanes ($ 52.000). Mucho. Ni aunque fueran 600. Cuatrocientos es mi límite y porque voy acompañado. Pero ninguno de los dos sabe cómo negociar y no queda más que cerrar la puerta, derrotado. Será para otro día, aunque cada vez quedan menos.

Cigarros medicinales

Agosto 22, 2008

Como en buena parte del mundo que se precie progresista y preocupado del medio ambiente, en China buscan disminuir el consumo de cigarrillos. El asunto no es invasivo como en Chile y otros países, en que la publicidad molesta tanto a fumadores como a los que no lo son, sino que hay carteles en algunos lugares estratégicos.

Los niños están aprendiendo a mirar con horror el cigarrillo. No tienen problemas en molestar con falsas toces a quienes pasen por su lado y hasta perseguirlos durante unos metros repitiendo el gesto de desaprobación.

A primera vista, no se puede decir que el chino fuma como chino, sino que igual o similar a otros partes. Sin embargo, hay un detalle que parece demostrar lo contrario y lanza por la borda las tímidas campañas.

Además de vender cajetillas en kioscos y locales comerciales, en Beijing se pueden comprar en farmacias, ahí junto a los remedios para la tos y las pastillas de la garganta. Y no están escondidos para los desesperados, sino que en la vitrina, como si fuera de lo más normal. Como si se trata de cigarros medicinales, que, por cierto, no son.

El país de las bicicletas

Agosto 21, 2008

Una bicicleta en China puede llegar a costar tres mil pesos chilenos. De ahí a que casi todos tengan una y la ocupen para trasladarse a cualquier lugar.

Tienen otra ventaja, también: con todos los arreglos olímpicos las calles están en perfectas condiciones en la zona céntrica y, además, viven en una planicie, por las que las subidas y bajadas no son ningún problema.

Ciclistas y automovilistas, eso sí, conviven de forma bastante animal. Los primeros tienen sus vías exclusivas, pero cuando les toca cruzar la calle, no tienen reparos en lanzarse sin mirar o pararse en la mitad para que les hagan el quite.

Los segundos, que tienen unas reglas de tránsito propias y si tienen que doblar en U lo hacen en cualquier lugar, no lucen muy preocupados del prójimo y no les importa tirar el auto encima o apurar a bocinazo limpio el paso de una madre con su hija pequeña en el asiento de atrás. No son enemigos, pero lo parecen y de seguro más de alguno debe terminar cada día en el suelo o con el vehículo abollado.

En Beijing los Furiosos Ciclistas estarían extasiados por un lado, con sus pistas bien cuidadas y por todos lados, pero por el otro ya habrían empezado otro movimiento para conseguir el respeto de los automovilistas. Está claro que nadie puede tener todo lo que quiere.

Beijing apunta hacia arriba

Agosto 19, 2008

No he podido conocer mucho de Beijing aún. Lo de Fernando González consumió mi tiempo y también redujo la amplitud de mis traslados. Del departamento al centro de prensa y de ahí al tenis. Ida y vuelta durante ocho días.

Claro que entre medio hubo que salir a ver a los otros chilenos, por lo que arriba de los buses de la organización uno se puede hacer una idea más amplia de la ciudad, sobre todo camino a los lugares donde competía el remo, el tiro skeet y el triatlón.

Es una imagen amplia y de poquísimos detalles, pero una de las cosas que llama más la atención es las pocas casas que se ven. Aquí todo está desarrollado sobre la base de los edificios, son tantos que no existe otra forma de reunirlos a todos.

Las casas con patio son un misterio todavía. Lo más cercano son algunas construcciones tipo villorrios que hay en la salida, pero más parecen sitios olvidados y lejos del desarrollo del resto de la comunidad.

En el centro de la capital están los ancestrales Hutongs, barrios de pequeñas calles y hogares, pero su fin es meramente turístico, al punto de que hay agencias especializadas en llevar a la gente ahí y que están señalizados con grandes carteles, para que nadie los pase por alto.

En Beijing se vive hacia arriba, quizás sea su forma de parecerse a Nueva York o Tokio, las potencias a las que quiere acercarse y dejar atrás.

Los chinos no estaban con González

Agosto 18, 2008
Eso se que siempre hay chilenos en todas partes se repite en Beijing. Los hay. No por montones, pero los hay. Con el correr de la semana y de los triunfos empezaron a aparecerse con mayor volumen por el tenis, el único evento que podía aglutinar gente. Incluso, un quinteto de gorditos con una polera de la bandera se convirtió parte del escenario en los dos partidos en el court central.
Pero los “Jia you” (pronúnciese “yayó”) que dedicaba la fanaticada local no eran para acompañarlos, esos vamos que son parte del decorado de todos los grandes estadios de los Juegos Olímpicos eran todos para Rafael Nadal. Los chinos tienen una particular afición con los deportistas que les son familiares.

Le pasó a Luis Scola, el basquetbolista argentino compañero de Yao Ming en los Houston Rockets, que cada vez que se aparecía en un lugar público era asaltado por hinchas para fotografiarse con él. Y el español sigue la misma senda.

Se lo preguntó en una conferencia de prensa un periodista local con una consulta eterna, en la que el nuevo número uno del mundo reconoció que sí se daba cuenta de todo ese apoyo en Beijing y que también le había pasado en Shanghai. Sabía que los chinos lo amaban. Y en la final se lo hicieron sentir desde el comienzo, cuando entró a la cancha, y también en cada pelota buena que metía. Con él, se lamentaron de las pocas veces que se equivocó y celebraron de su lado cuando la pelota de Fernando González que se quedó en la red, entregándole la medalla de oro al español.

 

 

El día que nunca llega

Agosto 16, 2008

Uno sabe que los chilenos no vienen a descoserla a los Juegos Olímpicos. Sus aspiraciones son muchos más mínimas, como meterse dentro de los 10, 15 ó 20 mejores, según la magnitud del evento, o alcanzar una final.

Hasta ahora, salvo el notable Fernando González, ninguno ha hecho nada de eso. Marco Antonio Verni tarde vino a decir que se sentía temeroso de lanzar por sus problemas a la espalda, Matías del Solar arrancó de forma promisoria, pero se fue quedando, mientras que Jorge Atalah estaba nervioso, a Marco Arriagada no le salieron las cosas y Natalia Duco no estaba en su día.

La verdad sea dicha, casi ninguno ha estado en su día en Beijing, a todos como que el gran evento los supera y ni siquiera son capaces de repetir sus mejores marcas, como fue en el caso de la lanzadora.

Quién sabe si las cosas cambiarán durante la próxima semana, aunque la cantidad de chilenos en competencia disminuye bastante. Las opciones son pocas, igual que las esperanzas de mejores actuaciones. Quizás así sea mejor. En una de esas alguien rompe el molde y sí se digna a andar en su día, que es lo mínimo que se espera.

Felipe Hurtado, enviado especial

No se puede mostrar la página

Agosto 14, 2008

Desde ninguna parte de Beijing puedo abrir este blog. No puedo escribir en estas líneas toda la molestia que sentía cada vez que lo intentaba y fracasaba. Pero puedo decir que era mucha. Creía que a todo el mundo le pasaba lo mismo y culpaba a la empresa, no con palabras de buena crianza. En esa falla del sistema encontraba la razón para que algunos impresentables personajes me llamaran el Señor Cero Click, dada la escasa recepción que han tenido estos textos.
 
El asunto era lamentable. Hería el escaso ego que tengo de manera profunda. Se trataba de un fiasco tremendo y convertía en la inutilidad misma el tiempo que gasto redactando estas palabras.
 
Eso era hasta ahora, que encontré una teoría mejor para explicar que cada vez que intento meterme aparezca la maldita leyenda: “No se puede mostrar la página”. La elucubración la inspira un compatriota que ha hecho de estas tierras sus pagos y que algo se maneja en el tema de las comunicaciones, además de llevar adelante una pequeña, pero fructífera empresa de corretaje.
 
A él le pasa lo mismo que a mí, no puede ingresar a este sitio y le aparece la misma justificación, aunque en caracteres chinos. El me sugirió la respuesta al problema y me ayudó a recuperar la confianza en mí: este blog ha sido bloqueado por las autoridades chinas.

Lo de la censura a internet en los Juegos no ha fue todo lo severo que alguna vez se esperó ni está erradicada como alguna vez creyó el COI, porque lo que puedan controlar, lo controlan. Y yo quiero creer que me controlan, que estoy bajo su mira por estas incendiarias opiniones que hago.
 
La única fuga a mi teoría es que no podría decir que a todos los blogs de los Juegos Olímpicos les pasa lo mismo, porque yo mismo he visto algunos de otros países sin ningún inconveniente. Da lo mismo, quizás seleccionaron a los que creyeron que podían ser más subversivos y no se preocuparon de revisarlos después. O, en una de esas, es aleatorio. O, muy probablemente, me compré el cuento y, a la postre, sólo se trate de un problema tecnológico.

Felipe Hurtado, enviado especial.

Descubriendo el entorno

Agosto 13, 2008

Para muchos podrá ser considerado aburrido, nimio o cualquier adjetivo de ese tipo que quieran colocarle. Pero quienes han estado en Beijing en las últimas semanas saben que el martes fue un día especial.

Es cierto que no conseguí la mantequilla que hace rato ando buscando para el desayuno (acá prefieren la margarina, inexplicablemente, la que tampoco la pillo en cualquier lado) y que tampoco logro acomodarme bien a las 12 horas de diferencia, pero al menos pude comprobar que aquí también existe el cielo. La lluvia torrencial de la madrugada estuvo acompañada por vientos que sacaron por un rato las nubes constantes que cubren esta ciudad, algo que parecía imposible.

Es la segunda confirmación que hago en un par de días. Había escuchado que Beijing se parecía a Santiago, porque la rodean montañas, sin embargo hasta el lunes nunca las había visto. Otros chubascos me permitieron observarla por unas horas, aunque el esmog hizo rápido su trabajo y la borró del mapa. La borró, así, de forma literal. La Cordillera de los Andes la podemos distinguir media difusa en esas jornadas de restricción vehicular de urgencia y preemergencias ambientales, pero alcanzamos a mirarla. Aquí no. No se veía nada de nada. Sin exagerar.

Ahora sólo me falta ver las estrellas. Escuché a alguien decir que los pekineses no saben lo que son las estrellas, realidad triste si se considera desde el punto de vista de aspirar a horizontes lejanos o del costado más romántico del asunto o cosas como esas. No sé, la verdad. Yo no sé lo que son las estrellas en China, porque en la noche siempre aparecen otra vez los nubarrones para apoderarse del cielo, que entonces deja de ser azul, un color que sentía no conocían por estos lados. Habrá que esperar otra lluvia o un vendaval o algo parecido. Lo que sea será bienvenido.

Felipe Hurtado,

enviado especial

La corta vida de algunos recintos olímpicos

Agosto 11, 2008

Me mataron la ilusión, aunque debo reconocer mi ignorancia al respecto. Varios de los imponentes escenarios de estos Juegos Olímpicos no quedaran para la posteridad. Su vida no será mucho más extensa de lo que prolonguen las competencias, pues tienen otros planes para los lugares que algunos de ellos ocupan.

El complejo tenístico será uno de los que dará espacios inmobiliarios en el futuro cercano, pues pese a su intención por estimular el deporte a través de políticas internas y organización de distintos tipos de eventos de carácter planetario (Fórmula Uno, torneos ATP, Mundiales femeninos de fútbol), los chinos no son para nada tontos y saben hacer buenos negocios. De ahí su sostenido crecimiento en las últimas décadas que los tiene encumbrados como una de las principales potencias.

Por eso, una cancha de tenis no vale lo mismo que un edificio de oficinas en un sector céntrico de la ciudad, donde todos saben que un paño del extenso terreno que hoy posee nueve canchas, cuestan una fortuna que no se puede dejar pasar, por más amor al deporte que exista.

Felipe Hurtado,

enviado especial.